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La manipulación de los rumanos cordobeses

22 septiembre 2010 Deja un comentario Go to comments

Cuando un pobre deja un hueco, siempre aparece otro para reemplazarlo. Eso es lo que ha ocurrido con los de aquí. Antes, los gitanos cordobeses mendigaban con los niños colgados de las mamas de sus madres. Las recuerdo descalzas pidiendo y vendiendo lo que te deparará el fututo. Había una, María, que gozaba de éxito y aceptación cuando con desparpajo te leía la mano en la taberna y siempre te dejaba la sonrisa en la cara por unos duros.

Aún quedan en el entorno de la Mezquita donde ofrecen romero a los güiris y les cantan la buena fortuna por unos euros, hasta que las cámaras que ha dispuesto IU-Psoe ofrezcan al juez el video donde se demuestre que “extorsionan a los extranjeros y espantan al turista”, para que su señoría actúe y las declaren ilegales y las quiten, y las echen al trapicheo, a la cárcel.

Los gitanos rumanos llegaron a Córdoba para ocupar el semáforo que dejaron libre los de su misma etnia, los enganchados a la aguja y desesperados en general. Arribaron con lo puesto, descalzos, como los de antes aquí. Con su aire nómada, pícaros, machistas y quincalleros. Se instalaron en la periferia de la ciudad. En frágiles campamentos, sin agua, ni luz, ni nada. El cielo y la tierra. Aquí los de IU-PC siempre se han jactado de que Córdoba no poseía asentamientos chabolistas, como pregonando que todos en este supuesto paraíso arcadio tenían una vivienda. Nada más lejos de la realidad.

A las semanas de establecerse el campamento la prensa local, El día de Córdoba, sobre todo, alertaba de “Un nuevo asentamiento rumano en tal sitio”. Los periodistas preguntaban a los políticos sobre la inmundicia y éstos mandaban a la policía municipal, que en estupenda colaboración con la nacional, echaban a los desharrapados del sitio a otro. Hasta algún helicóptero ha participado en los desalojos donde quedaban las muñecas que las niñas abandonaban tras la acción policial.

En una ocasión, trasladaron a 72 al camping municipal y a las semanas los echaron también diciendo que no tenían dinero ni competencias para abordar el problema. Entonces idearon un programa de integración-socio-romaní y pusieron a los trabajadores sociales a retirar a los niños de las madres que los usaban para ejercer la mendicidad, en colaboración con la policía, y por delatores anónimos a los que se les invitaba a colaborar en la causa, siempre por el bien del menor.

Limpiaron las calles de mendigos gitanos rumanos y desmantelaban de vez en cuando un poblado de miseria y ratas. El plan de actuación incluía un par de días en pisos o fondas para desgraciados a la espera de que se produjera el milagro, encontraran un trabajo, se calzaran y se hicieran ciudadanos respetables, aseados, los niños en el cole y las madres al Carrefour.

Pero los milagros no existen, querido alcalde/alcaldesa, que era fina para decretar los derribos, no le temblaba el pulso al ordenar que las excavadoras echaran a bajo el cartón y la uralita. Durante estos años, esa ha sido la práctica, muy criticada por las asociaciones de defensa de los derechos humanos y de los inmigrantes, que sin recetas mágicas, al menos pedían que les dieran un cobijo digno y/o servicios a sus frágiles casuchas. Ni lo uno ni lo otro. Una estrategia de hostigamiento y el programita socio/integrador/romaní que, ahora con el decreto nazi francés de deportación masiva de estos gitanos, han sacado los de la TF1 en la tele gala. Los reporteros han venido hasta aquí para conocer las excelencias del plan. No he visto el reportaje, sólo la venta que de él han hecho los publicitarios municipales, que son quienes han difundido las bondades de esta izquierda cordobesa incapaz de ofrecer realidades y experta en vender humo, como hace ahora la Consejera de Obras Públicas y antes alcaldesa, que inserta cuñas en la radio de obras que están por hacer y de otras que se han paralizado, como las de la calle Torremolinos, donde también viven hacinados en infraviviendas familias romaníes y otras.

La prensa convencional y racista acusa siempre de chorizos a estos gitanos, usando en los titulares términos de rumanos equiparados a ladrones: “Dos rumanos detenidos por robar aceituna”, ahora que llevarse el fruto del olivar ya no será un hurto sino un delito que conduce a la cárcel al pobre al que luego los servicios sociales le ofrecerán un programa socio-integrador para cuando salga del talego y de él vivirán los funcionarios, consultores, expertos e imprentas, diseñadores de web, abogados, jueces y carceleros, asesores y oenegés con ánimo de lucro como dice mi amigo Martínez Reguera.

La prensa que recoge el baño en fuentes públicas de éstos parias para sofocar el infierno cordobés, por el agua que les niega la empresa municipal, que no puede poner contadores en las chabolas, señalando un portavoz vecinal que algunos se han bañado incluso desnudos y el del pp/alcaldable lo resume como un problema de higiene, cuando precisamente, José Antonio, se están lavando, coño.

No sé si los colegas franceses han hablado con los gitanos dispersados, con las asociaciones pro inmigrantes, pero el efecto propagandístico que los comunicadores municipales han logrado ha sido formidable en plena ola de racismo contra el gitano descalzo que se ha desatado en Europa, y a la que Córdoba tan decididamente viene contribuyendo desde mucho antes que se constituyera el eje neofascista Berlusconi-Sarkozy

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Alberto Almansa

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