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El ocaso de la industria en Córdoba

Córdoba no tiene astilleros y hace siglos que un barco no remonta el Guadalquivir hasta la ciudad. Pero Córdoba tiene una industria señera, arraigada en el subconsciente de los vecinos como las fábricas de navíos en Sevilla, Cádiz o Huelva. Es la Electromecánica, nombre con el que se conoce a un complejo fabril, en gran parte centrado en la producción de laminados de cobre, que fue referente del sector en España.

Fundada en 1917 como la Sociedad Española de Construcciones Electromecánicas, el negocio ha vivido en estos casi 100 años momentos de todo tipo. En su etapa dorada, allá por los cincuenta y sesenta del siglo pasado, podía dar trabajo a unas 5.000 personas, incluyendo empresas asociadas y delegaciones. En Córdoba, en 1968, había más de un millar de trabajadores directos. Hoy la empresa Locsa, el último suspiro que queda de aquel floreciente negocio, emplea a 120 obreros. Y en junio echa el cierre. Para entonces, ya únicamente quedará la planta ABB de transformadores como ejemplo importante de aquella industria cordobesa.

La bajada de ventas y la carestía de las materias prima, básicamente el cobre, están detrás de la decisión de la propietaria, la internacional KME. Pero los sindicatos, como CC OO, acusan a la firma de seguir una estrategia de deslocalización, al concentrar la producción en sus plantas de Alemania e Italia

Para intentar evitar el cerrojazo, los trabajadores iniciaron la semana pasada una acampada a las puertas de la iglesia de la barriada que se construyó para las familias de los peones y técnicos de la fábrica.

Los trabajadores se turnan en la acampada. Nadie quiere dejar de trabajar y, excepto en fines de semana como este, más bulliciosos, el ambiente es más tranquilo. Casi estoico. “Son ya muchos años de recortes y de ver que algo pasaba”, comenta, sentado frente a la iglesia, Francisco Pozuelo, presidente del comité de empresa y miembro de CC OO. Le rodean tres generaciones de compañeros. Hace años, un puesto en la Electromecánica era sinónimo de estabilidad laboral y sueldos decentes. Muchos no han conocido otra cosa que la fábrica. Y sus padres y abuelos antes que ellos. Por eso, para ellos el cierre es mucho más que la pérdida de un empleo.

La cosa no pinta bien. Los propios afectados lo reconocen. Saben que KME, la empresa de capital italiano y alemán que compró Locsa en 2004, parece tenerlo más que claro. Y consideran que su intención es irremediable.

Pero los obreros reclaman alternativas al cierre, como la venta a otra empresa que esté interesada. Porque, como Pozuelo, todos sus compañeros y el conjunto de la clase política y empresarial de la ciudad consideran que la planta todavía tiene mucho que ofrecer.

Eso mismo se lo quiere explicar, el 16 de mayo, el presidente del comité de empresa en el Ministerio de Industria. La cordobesa Rosa Aguilar, actual ministra de Medio Ambiente, también conoce bien la importancia de la empresa, pues fue alcaldesa de la ciudad, y se ha puesto en contacto personalmente con los trabajadores, según afirma Francisco Pozuelo, para preocuparse de su situación y buscar una salida.

“Vamos a decirles que creemos que la pérdida de Locsa es un golpe a un sector estratégico. Porque somos una empresa exportadora. La única que realizaba este trabajo de cobre en España. Y si dejamos de producir, tendremos que empezar a importar los laminados de cobre”, afirma el presidente del comité de empresa.

Lo cierto es que, entre los sucesivos ajustes a los que KME ha sometido a Locsa, se incluye el dejar de fabricar este tipo de laminados. Locsa había fabricado tradicionalmente latón (en el que el cobre es imprescindible) pero en 2010 la empresa decidió abandonar este producto.

“Lo que le pedimos a la empresa es que no deje la actividad de la fábrica. Tiene que seguir funcionando. Que diseñe un plan de bajas incentivadas para aligerar la plantilla. Podemos acometer un plan de prejubilaciones de trabajadores de más de 50 años cobrando el 85% de sus sueldos”, argumenta Francisco Pozuelo. “Y si realmente no quieren seguir con la actividad, que nos den los activos de la fábrica, la capacidad de buscar un socio capitalista y nosotros nos encargaremos de encontrar a inversores. No estamos hablando de una cooperativa pero sí una manera de preservar estos bienes en Córdoba”, termina.

El País

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