Inicio > Uncategorized > El Diccionario Franquismiquis de Cordobeses Ilustres

El Diccionario Franquismiquis de Cordobeses Ilustres

En Córdoba cuando queremos somos unos adelantados. Empezamos antes que ninguna otra ciudad española la loca carrera de la Caspitalidad Uropea de la Curtura y como guinda de ese pastel nos adelantamos a la RAH en confeccionar un Diccionario Biográfico de clara estirpe franquista. Aquí se publicó antes 550 CORDOBESES ILUSTRES (Ed. CórdobaLibros). En noviembre de 2010.

Claro que alcanzar el grado de roña intelectual franquista que anida en los rincones selebrales de algunos de los académicos de la madrileña es sumamente difícil. Aquí somos más modestos. Ante el intenso azul mahón naci-onalcatólico que destila aquél el de cordobeses se queda en un azulete desvaído, en lo que podríamos llamar un franquismiquis, un franquismo tisquismiquis. Aunque franquismo al fin y al cabo. Además de esta fundamental, algunas otras diferencias son remarcables:

  • El de la RAH usa criterios de ordenamiento alfabético. El de Córdoba, cronológico.
  • El de la RAH consta de 50 tomos, contiene más de 40.000 entradas y cuesta el pico de 3.000 €. El de Córdoba puede conseguirse por el módico precio de 30 € pues consta de un solo tomo y 550 entradas, aunque sospecho que con 500 hubiera bastado si se lo poda higiénicamente de las 50 correspondientes a los diferentes ejemplares de ilustres del entorno del matarifismo fino, entre toreros, rejoneadores, picadores, monosabios, mulilleros, areneros, etc. de los dos últimos siglos. Algunas superan con creces a las de cualquier escritor, científico o filósofo del listado de cordobesa nacencia o pacencia.
  • Si la confección de la monumental española ha corrido a cargo de académicos de la de Historia, la nuestra lo ha hecho al de miembros de una Asociación Cultural, ARIES DE CÓRDOBA (¿se llamará así porque todos pertenecen al mismo signo del zodiaco?) dedicada a fomentar lo más auténtico del alma etenna e inmontal cordobesa. O sea… Bueno ya sabemos lo que suele esconderse tras ese socorrido epigrafito: las más castizas de las zurraspas carpetovetónicas locales.
  • El Biográfico Español fue un proyecto de encargo que le hizo a la RAH el Dúo Prietas las Filas, Esperanza Aguirre y Aznar en los 90 como ayuda a los historiadores revisionistas de su misma adscripción ideológica, bastante solos en su tarea de luchar contra la historiografía seria, científica y acreditada internacionalmente, desacreditando a la República y rehabilitando al régimen genocida franquista. A cambio de 6 milloncejos de euros del erario público. La idea de la de Córdoba no se sabe muy bien de donde surgió, aunque aparece como promovida por la Asociación Cultural AIRES de CÓRDOBA y patrocinada por Diputación, Ayuntamiento y Oficina de la Capitalidad 2016. O sea que pasta pública, aunque de monto desconocido, si que ha recibido.
  • Si en la de Españoles parece una desgracia su confección por los perifascistas académicos de la Jurásica, en Córdoba debemos alegrarnos de que no lo haya sido por la correspondiente local, la Real Academia de Nobles Caspas y Bellas Tretas, en cuyo caso tal vez las entradas a los personajes más inquietantes y vidriosos de la órbita franquista y naci-onalcatólica del pasado reciente cordobés hubieran sido redactadas por elementos como Primo Jurado, adorador nocturno y erudito local de día en el ramo de hagiografías de alcaldes falangistas y turiferario de monseñores de renta vitalicia, o el gadedrádigo de Historia Contemporánea de la UCO Cuenca Toribio, alias Don Hodierno (que por cierto es autor de muchas de las entradas del Biográfico Español), confeso admirador de la obra de Pío Moa y de Gonzalo Fernández de la Mora, director de la Revista Hispania Sacra y colaborador habitual de la revista ultraderechista RAZÓN ESPAÑOLA. O en el gremio cultureta local al novelista y artillero de puente del acorazado ABC Francisco José Jurado quien el otro día, comentando la victoria del PiPiolo José Antonio Nieto en las municipales, sandioseaba como marrano en un charco en el lodazal del delirio entronizándolo como el Nuevo Gran Capitán del Conservadurismo Patrio, valeroso consecutor del hito histórico de finiquitar el último rescoldo del comunismo en el Hemisferio Norte. Ya sabéis, esa sublime misión que comenzara el Caudillo. Desde entonces sólo puedo imaginarme al héroe del flequillillo a navaja a lomos de brioso corcel blanco, enjaezado con brillante coraza, alanceando una a una las tres cabezas del terrible dragón bolchevique: la de Marx, la de Engels y la de Lenin para desalojarlos de Capitulares. Porque claro, a mí se me hace mu cuesta arriba imaginarme al triste último ejemplar de dragón comunista con las cabezas de Andresito Ocaña, fiel escudero que fue de la catoliquísima Aguilar, Marselino Gominilla o el taxista Cuadra… O sea los peligrosos marxistas-leninistas desalojados.

Pero vayamos ya a los contenidos de nuestro catálogo local de ilustridades. En líneas generales los autores no se pasan en el jabón y la alcuza justificante con los atroces personajes perpetradores de la masacre naci-onalcatólica del 36 y ss. Tampoco con las víctimas. No. Simplemente pasan por los hechos como el que atraviesa un arroyo de sangre saltando de piedra en piedra. Cualquier joven más o menos despistado que lea las biografías de los cordobeses protagonistas de aquellos hechos puede llegar a pensar tras encontrar algunas referencias dispersas que aquello fue una especie de concurso en el que según las reglas del divertido juego unos perdieron y fueron lógicamente fusilados y otros ganaron fortuna, prestigio y vida eterna. La verdadera hondura moral y criminal del genocidio y la brutal represión que los guardianes de la revolución naci-onalcatólica ejercieron por cuarenta años sobre los que dejaron vivos es higiénicamente escamoteada y sustituida por una casi idílica visión de una Córdoba feliz de artistas, toreros, poetas y patios enjalbegados, amorosamente pastoreados por políticos paternalistas. Da la impresión de que aquí nadie murió ni nadie asesinó, que nadie disparó una bala, ni nadie fue enterrado en fosas comunes. Ni hubo responsables necesarios de las atrocidades cometidas en una de las etapas más atroces de la ya de por sí atroz historia de España.

En la entrada de José Cruz Conde (pg. 455 debida a Serafín Linares Roldán), ejemplar sobresaliente de una larga estirpe de caciques locales, el autor dedica el 99% del texto a su carrera política de dictadura en dictadura y a ensalzar sus fazañas, siendo alcalde, como destructor de parte del entramado del casco medieval de la ciudad y su sustitución por un ensanche para disfrute de la burguesía cortijera local. Sólo esta escueta línea a su otra de organizador en Córdoba del golpe cívico-militar fascista derivado en genocidio y larga guerra promovido por parte del ejército, la burguesía cortijera y la Iglesia contra el gobierno democrático de la República: Y en la trama el 18 de julio estuvo incorporado. Que pasaba por allí, vamos.

De su sobrino Antonio Cruz Conde (pg. 501 debida a Francisco M. Arenas Rodriguez) escamotea cuidadosamente toda mención a su actividad antes de su acceso a la alcaldía (1951), que recibió de su hermano Alfonso (alcaldía hereditaria), su temprana pertenencia a Falange, el equivalente español al partido nazi alemán, y su participación o al menos complicidad entusiasta en el golpe de estado frustrado fascista que provocó el genocidio programado de republicanos posterior, la guerra y la conversión del país en un enorme campo de concentración. No, de don Antonio sólo se biografía su faceta de modernizador de la ciudad, es decir, de adecentador del campo de concentración. Sería como si al jefe nazi del sector meridional de Auschwitz se le recordara con cariño en Alemania porque mandó pintar los barracones a su cargo. Eso sí, todo lo que llevó a cabo fue fruto de su desaforado amor por Córdoba, amor de la estirpe de los amores que matan: necesitó que le eliminaran a sangre fría a 4.000 paisanos para consumarlo.

Fray Albino (pg.462 debida a Daniel Arenas Rodríguez) es presentado sólo como un obispo de gran corazón que conmovido por la lancinante visión de los pobres cordobeses hacinados en miserables chabolas les procuró viviendas dignas. Olvida su biografiado apuntar el pequeño dato de que de esas condiciones inhumanas en las que se cocía la miseria del pueblo cordobés, era también responsable nuestro buen obispo. Y de que el dinero que recaudó para ese loable fín a la burguesía franquista no era sino una ínfima parte del botín de guerra que los vencedores habían obtenido a costa del dolor de todo ese pueblo vencido y humillado.

Fray Albino fue demostradamente uno de los más conspicuos incitadores del golpe de estado fracasado que degeneró en guerra civil. Ideólogo de la Cruzada, ensalzador hasta el ridículo del Caudillo a quien declaró enviado de Dios y apologista sin tapujos de los crímenes de los bandoleros fascistas. Menos mal que el autor de la entrada reconoce que su más importante obra, el Catecismo Patriótico Español, de obligado aprendizaje en las escuelas de la más inmediata posguerra, fue retirado tras el cambio de la doctrina pontificia que condenó el totalitarismo. Como que se trataba de una versión para niños del Mein Kampf de Hitler. Con su violento anisemitismo y todo.

Al gran rejoneador Antonio Cañero (pg. 464 debida a Serafin Linares Ruiz) le dedica una larguísima entrada en consonancia a su importancia como renovador del arte de convertir un hermoso animal en una morcilla sanguinolenta en la valiente modalidad de subido en un caballo. Un pelín más corta que la de Maimónides. Pero olvida cucamente su faceta de organizador, tras el golpe fascista del 18 de julio del 36, de los grupos de paramilitares que sembraron de terror entre los republicanos desarmados en los días posteriores. El Escuadrón de Cañero, como lo ha estudiado Francisco Moreno Gómez, estaba formado por caballistas de la capital, capataces y aperadores de las grandes fincas, señoritos acostumbrados a recorrer sus cortijos a caballo, aficionados a la equitación y mozos de las ganaderías bravas, que recorrían los campos armados de garrochas y escopetas de montería cazando republicanos, limpiando la sierra de marxistas, según el lenguaje de la prensa fascista de la época y sobre todo evitando la fuga de la capital de numerosas personas de izquierdas acosadas por el terror. (El genocidio franquista en Córdoba, pg. 190. Ed. Crítica. Barcelona, 2008).

Y qué decir del egabrense José Solís (pg. 504 debida a Serafín Linares Roldán), el que fuera ministro franquista, conocido durante su larga trayectoria como La Sonrisa del Régimen por su perenne mueca carcajeante con la que simulaba una falsa campechanía que en realidad escondía un talante de feroz predisposición a la represión y el acogotamiento de las clases trabajadoras durante su mandato de las Organizaciones Naci-onalsindicalistas, representó lo más siniestro y despreciable de aquella terrible dictadura. En su entrada sólo se enumeran sus vertiginosos méritos académicos en una época en las que las calificaciones las conseguían quienes mostraban el pistolón mayor bajo la camisa falangista y sus logros “sociales”, la cortina de humo limosnera con la que el terrible rostro del régimen fingía redimirse.

Las víctimas ilustres por su parte son tratadas como si sus desgracias, asesinato, robo de bienes o exilio, fueran fruto de una especie de fatalidad incontrolable en la que los asesinos no fueran los mismos que secuestraron el país posteriormente hasta hace poco y han cubierto ignominiosamente las esquinas de las calles con sus nombres, muchos de los cuales encontramos biografiados hagiográficamente a su lado. Porque hay que anotar el dato de que la banda de fascinerosos aquella no sólo se limitó a asesinar y a exiliar sino también a robar como ha demostrado el profesor Antonio Barragán en su excelente Control social y responsabilidades políticas. Córdoba (1936-1945) (Ed. El Páramo. Córdoba, 2009) en el que se detallan las inmumerables incautaciones de bienes a los particulares represaliados y que pasaron ilegalmente a las arcas del estado delincuente.

Del montalbeño Enrique Moreno El Fenómeno (pag. 487 debida a Serafín LInares Roldán), artista polífacético, ilustrado y amigo de los intelectuales del 98 y del 27, se nos dice que fue murió fusilado el 10 de septiembre de 1936 incomprensiblemente, puesto que no se le conocía pertenencia a ninguna asociación o partido político, de donde se deduce que el autor considera los demás fusilamientos (más de cuatro mil) comprensibles. De todas formas el autor de la entrada no se ha documentado comprensible y suficientemente, porque justo un año antes (octubre de 2009) su hijo publicó una biografía en la que se explican suficientemente para que se comprendieran las circunstancias de su asesinato. De ello se hizo eco la escritora Matilde Cabello en reconocido artículo en El Día de Córdoba. Se comprende entonces que fue fusilado porque a un cacique le caía mal y envió a un Judas, un pintor mediocre que le tenía envidia, para que lo invitara a dar un paseo. El pintor sicario fue luego comisario de policía y autor de la mayoría de los carteles de toros y de feria de Córdoba y provincia durante más de cuarenta años. Ricardo Anaya. Tiene calle en la ciudad. Alguien debería colocarle una “C” delante del apellido en la placa para que se hiciera al menos algo de justicia histórica. Afortunadamente nuestros esforzados biografiadores de ilustres locales nos han ahorrado una entrada sobre su lamentable persona.

La peripecia vital durante el genocidio de otro montalbeño ilustre, Eloy Vaquero (pg. 470 debida a Serafín Linares Roldán), es despachada de la siguiente forma: En las elecciones del 36, que salió vencedor el frente popular (sic., con minúsculas), perdió su escaño y vuelve a Córdoba de donde sale en julio de ese año hacia Gibraltar, marcha a Londres, La Habana, Nueva York y Caracas. Menudas vacaciones ¿que no?

Pero no sólo en el atroz pasado reciente se les ve el plumero clerical-franquista a los autores del Diccionario Cordobés. Sin hurgar en los terribles siglos XVI y XVII, tan ricos en personajes atroces, debidamente maquillados por el algodón mágico de la Señorita Pepis de nuestros biografautores, bascularemos entre la profunda Alta Edad Media y el tránsito del XIX al XX.

Olvidando la disculpable soplapollez narcocatólica de considerar a un ser imaginario (arcángel de graduación) de la tradición semítica primer cordobés, como hace infranchutablemente Serafín Linares Roldán, nos pasamos directamente a Eulogio, que por lo que se sabe de él se trató de un psicópata que fundó una secta de terroristas suicidas en tiempos de Abderramán II con la misión de dinamitar las buenas relaciones entre cristianos y musulmanes. Inductor al suicidio de jóvenes vírgenes probablemente por puro placer sexual se corría de gusto contemplando cómo eran martirizadas tras ser inducidas por él a cometer el delito de injurias a Mahoma. No lo digo yo, lo dice él mismo en carta a Álvaro Paulo que recoge el autor de la entrada de dos de las jóvenes suicidas Flora y María (89): Hermano mío, el Señor me ha concedido una grande gracia y tenemos una grande alegría. Nuestras vírgenes instruidas por nosotros entre lágrimas en la palabra de vida, acaban de obtener la palma del martirio. Pues este pedazo de cabrón es tratado con el máximo de reverencia, de respeto y de devoción y sus canalladas justificadas por su biografiador.

Del que fuera ministro conservador de la monarquía alfonsina, Barroso y Castillo (pg. 419), un tipo que obtuvo tanto cariño popular que tras una manifestación anticaciquil de obreros se consumó en la destrucción de una flamante escultura que el ayuntamiento le había erigido en los Jardines de los Patos, sólo utiliza el autor de su biografía para ilustrar su personalidad las palabras que el alcalde de la ciudad, de su mismo partido y cuerda, excretó para comentar los hechos: No debía de aludirse para nada en esta cuestión al caciquismo, pues el Sr. Barroso, lejos de ser cacique fue un excelente cordobés, amigo de todos, que nacido de familia modesta se elevó por sus propios méritos a los puestos más preeminentes de la gobernación del Estado… y murió pobre. Eso es distancia crítica, imparcialidad y ecuanimidad y lo demás es tontería.

España es un país atroz. Y sobre todo diferente. Nunca el dicho de Spain is diferent pudo aplicarse tan justamente como en el caso de la justicia histórica. Este es uno de los escasísimos países en el mundo en el que ha sido escamoteado oficialmente la memoria de su pasado. En Alemania del Este y del Oeste, en los países del Este europeo, en Argentina, en Chile, en Uruguay, en Haití, en Guatemala, en Perú, en Paraguay y en África, en Sierra Leona, en Sudáfrica. Incluso en el mismísimo Marruecos. En todos ellos hubo y hay esfuerzos reales de los estados y sus sociedades por conocer la verdad oficial, proporcionar reparación y reconocimiento a las víctimas, e incluso algunos de los responsables de las atrocidades conocen las salas y los banquillos de justicia. Lo dice Esteban Beltrán en su imprescindible Los derechos torcidos (Ed. Debate. Barcelona, 2009). En España en cambio las víctimas, los herederos del dolor, tienen que soportar aún que los verdugos genocidas sigan siendo ensalzados tranquilamente y considerados políticos o personas normales libres de culpa en los libros de texto escolares o en los de divulgación histórica y el régimen surgido de un genocidio, equivalente moral y políticamente al nazi alemán o al fascista italiano, basado en la tortura, la brutal represión de las libertades, como una tranquila etapa de la historia de España. Algunos de sus cómplices siguen vivos y aún en la política activa.

Manuel Harazem

Anuncios
  1. zorroblanco
    24 septiembre 2011 en 11:21 pm

    Quién es el tal Harazem que escribe este artículo? Por qué no lo firma con su verdadero nombrey dice quién es? Porque me consta que Manuel Harazem es el apodo de un tipo que no es capaz de dar la cara porque se dedica desde hace años a lanzar todo tipo de comentarios desafortunados de todo y de todos, y quizas por eso teme represalias por todas las barbaridades que dice, es muy fácil hablar y desprestigiar el trabajo de los demás. El libro tiene una calidad magnífica y está tratado con elegancia y rigurosidad. Un gran trabajo y excelente aportación a la cultura de Córdoba.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: