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La desesperación de los parias

Un hombre de 36 años, ingresaba ayer a mediodía en las urgencias del hospital Reina Sofía de Córdoba. Presentaba una herida por arma blanca en el cuello. Fue intervenido. Los doctores remendaron la costura y pasó a reanimación. De allí a planta. El corte, pues, no ha sido muy profundo ni se temió por su vida. La noticia no tenido eco en ningún noticiario. Algo extraño dada la profusión de asuntos de la crónica negra que salpican papeles y pantallas, sobre todo. La agresión no la ejecutó ningún inmigrante, ni joven, ni pariente despechado. Tampoco fue una reyerta entre clanes ni un ajuste de cuentas. El individuo se autolesionó.

Los medios, en una ley no escrita, evitan dar cuenta de suicidios o intentos de suicidio. Se cree que su difusión puede invitar a otros a imitar el último reproche. Creo que el tamaño mediático de las agresiones a mujeres anima también a otros malas bestias a emprenderla con su media naranja o su ex media. Pero eso es políticamente incorrecto y más difusión, más escarnio, sostienen, reduce las agresiones. La cifra y la ley no rebajan las muertas.

El corte que se ejecutó el hombre de esta historia tuvo otro origen: fue un acto de rebeldía y protesta en grado superlativo cuando le negaron un crédito en la sucursal que Cajasur-BBK tiene en el Parque Azahara de Córdoba.
Cuando salió del banco, cuentan varias fuentes contrastadas, se asomó a la vitrina blindada y se dió un tajo en el cuello como respuesta brutal al no obtenido, ante el estupor de los empleados al otro lado del cristal. Silencio. No son noticias los suicidios o sus tentativas…Desconozco si era solvente y cuál era el destino del crédito.

En la crisis del 29, los banqueros y capitalistas se tiraban desde la planta 36 de los rascacielos neoyorquinos. En la del 2010, los banqueros no saltan porque el Estado ha salido a su rescate. Ahora, sin embargo, son los desquiciados, que no llegan a fin de mes, los que se rajan las venas a plena luz , en medio de la calle, como aquel tunecino que se quemó a lo bonzo e incendió el Magreb de insurrectos.

El hombre ha salvado la vida. El mutismo trata de sepultar una realidad que se desangra en el anonimato de quien ,aburrido de llamar a tantas puertas, al final quiso dar un portazo severo a un mundo que se le cierra y le niega la existencia; tal vez por eso no han avisado a los reporteros.

Alberto Almansa

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