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La Yihad Narcocofrade reconquista la Velá de la Fuensanta

Lo más irritante de los católicos no es que crean a pies juntillas y contra todas las evidencias racionales en unas supinas y descacharrantes extravagancias, verbigracia en que un mugriento y sanguinario dios semita de los desiertos mediorientales, obsesionado con el prepucio de sus adoradores, se encaprichara de una mocita judía y se apareara con ella disfrazado de palomo mágico y la preñara sin metisaca alguno, algo que a su coetáneo Zeus le debió parecer el colmo de la zafiedad y del cretinismo escrupuloso. Y que ese mismo dios rijoso y vesánico, olvidado tras su lanzamiento estelar de la punta del capullo de los israelitas varones y vuelto ya universal perdido sea ahora quien vela por la humanidad toda, incluidos sus antiguos clientes primigenios gaseados en Auswitchz, los habitantes de Hiroshima, los hombres de Srebrenica y hoy mismo los niños de Somalia. No, lo peor de los católicos, y me refiero a los practicantes conscientes, con verdadera fe fundada y no a la masa supersticiosa sin criterio o a los que se administran mesuradamente las dosis adecuadas a sus particulares necesidades espirituales, sin estridencias doctrinales, es su inconmensurable soberbia. La soberbia de creerse gestores indiscutibles de todas las fiestas que hoy día jalonan los calendarios de todos los países de su órbita credulicia y con derecho a seguir monopolizándolas como cuando, hasta no hace mucho, lo hacían a sangre y fuego. Como si las fiestas, todas y cada una de las fiestas del calendario occidental no hundieran sus raíces en las celebraciones rituales de origen “natural”, correspondientes a los cambios meteorológicos que permitían los ciclos de cosechas. Desde el mismo comienzo del neolítico, e incluso antes, todas las obsesiones y arquetipos de los humanos, como demostrara Mircea Eliade, están presentes en todas y cada una de las culturas y religiones del mundo: las fiestas de los solsticios, las de celebración del renacimiento (primavera), los cultos al mandala, al árbol, la montaña, el agua, el fuego, etc. Todos y cada uno de ellos fueron adoptados por semitas, camitas, aqueos, romanos, cristianos… La Navidad, la Semana Santa, el culto a una virgen, el cordero sacrificial… Todo pertenece al acerbo simbólico de las etapas prerracionalistas del la humanidad, adaptado a diferentes concepciones localistas y mantenidas con sorprendente éxito hasta esta misma época en que los avances de la ciencia no hacen necesarias explicaciones ni confianzas en yuyus propiciatorios a instancias sobrenaturales.

Pero la soberbia de los católicos fundamentalistas no tiene límites y su afán totalizador es de una insistencia irritante. Y en Córdoba en estos días estamos sufriéndolo de una manera urente. Las fiestas en honor de la Virgen de la Fuensantacomo pomposamente las ha llamado la Iglesia Católica durante siglos es el correlato local de la celebración ritual de un cambio de ciclo meteorológico y por lo tanto laboral de las sociedades preindustriales, asociado además al culto del agua (oculta y surgida milagrosamente) y a la liturgia sacrificial (mártires). El caudal simbólico universal de esa festividad, mantenida en la Baja Edad Media en cuerda convivencia de diferentes tradiciones (judíos, musulmanes y cristianos) quedó maquillado finalmente impúdica pero efectivamente por la parafernalia contrarreformista, por el rodillo implacable inquisitorial que aplanó aplastando cualquier heterodoxia o veleidad alternativa. Pero el ingobernable genio popular adobó a su gusto lo que pudo aquel guiso indigesto de catolicismo monopolizador con aromas de leyenda y, sobre todo, con retales de literatura, caballeresca, faltaba más, convirtiendo el caimán que como exvoto un indiano alucinado ofrendó a la deidad femenina, imagen mágica, que se adoraba en el templo, en un formidable dragón devorador de doncellas necesitado de héroe que lo ultimase y redimiese la cobardía de sus paisanos.

Fue esta hermosa historia de caballería popular, parienta de la cervantina del hidalgo loco, que se ríe de los caballeros de pedigrí, que hace que un mil leches, un presidiario mutilado sea quien libre a la ciudad del tributo de doncellas no mediante la fuerza, como los héroes canónicos, sino mediante la maña, la astucia del sobreviviente a las sevicias del poder, la que fue rescatada como símbolo de una ilusionada nueva etapa de la ciudad cuando en 1979, recién salidos de la enésima regurgitación cíclica de la Contrarreforma, muchos pensamos que había por fin esperanza en el triunfo de la racionalidad, la justicia y la paz, pero sobre todo de la democracia. Y durante 30 años en esa fiesta el catolicismo hasta entonces obligatorio tuvo que ceder democráticamente un espacio mayor en la festividad a otras sensibilidades que no comulgaban con sus dogmas, ni con sus credulidades ni con sus liturgias. Quien era devoto iba a la ermita y cumplía devotamente y quien no la disfrutaba ferialmente asumiendo otros simbolismos. El caimán y la campanita convivieron perfectamente con la virgen y nunca hubo problema. En los pregones de la fiesta, proclamados en el ágora pública, en la plaza del barrio, se alternaron religiosos y ateos, normalmente gente de la cultura que incidieron unas veces más y otras menos en sus valores religiosos pero siempre y en general en los valores integradores, democráticos y lúdicos. ¿Todos felices? No, claro. La carroña ultracatólica que contemplaba desde sus mechinales cómo la fiesta monopolizada por el catolicismo hasta entonces obligatorio se adaptaba a la nueva sensibilidad de la sociedad abierta ha pasado 30 años afilándose las uñas. Y ya llegó su hora.

Ha sido además la primera consecuencia del desbordamiento de la marea azul en Córdoba. La carcunda católica más reaccionaria tiene sus varios representantes en el consistorio principalmente en las “personas” del trigeminado cofrade (pertenece a tres cofradías) Rafael Jaén (Festejos) y en Pemancito de la Campiña, el apologeta del ejército nazi, Juan José Primo Jurado (Casco Antiguo). Es, claro, imposible que el “centrado” alcalde Nieto pueda gobernar según su promesa para “todos” con semejantes ejemplares de carneros arietes fundamentalistas. Así la primera trompada ha sido contra las fiestas de la Fuensanta, a las que les tenían verdaderas ganas. El golpe de estado se ha consumado y las pruebas son más que palmarias:

  • El cura del santuario parece que se frotaba las manos con fruición vaticana mientras decía con voz alta y clara: ya era hora de que las fiestas católicas dejaran de gestionarlas los rojos. Se refería al Consejo de Distrito que en comandita con el anterior Ayuntamiento organizaba los festejos. Su organización ha sido delegada por el nuevo Consistorio íntegramente a la Muy Antigua, Venerable y Sacrosanta Agrupación de Hermandades y Cofradías.
  • El pregón que venía siendo proclamado por gentes de la cultura y las letras se ha encargado a un experto ultrareaccionario, Javier Tafur, profesional de esa forma de la inflada retórica huera hija del primer y asilvestrado franquismo, huérfano de cultura, fusilada o exilada, que son los pregones cofrades.
  • El pregón dejará de pronunciarse en el ágora pública, la plaza, lugar común para disfrute de todos los vecinos y se hará en el interior del templo. Ello deja bien claro, para que no haya sombra de duda, que las fiestas son católicas y que se proclaman desde el espacio privado de culto de sólo una parte de la población. Por mi parte me parece acertado porque así los daños colaterales del hiperbólico verbo del pregonero sólo afectarán a los católicos. Porque hace falta mucho fairy para desengrasar unas neuronas normales tras una de sus sesiones de floripondiada verborrea tridentina.
  • Se elimina toda referencia al caimán en la proclamación oficial. El propio concejal, el trigeminado Jaén se lo dijo a los del Consejo. Tal cual: menos caimán y más virgen. Quien paga manda. Talante que se llama.
  • La confección del programa de actos ha sido durante los últimos 30 años un modelo de integración de sensibilidades y se ha apostado siempre por lo lúdico y lo festivo. Este año ha sido sustituido por uno de los macabros grabados hiperbarrocos que usan los cofrades para anunciar sus quinarios, novenas, triduos, besamanos, besapies, besa… y demás aquelarres narcocatólicos de consumo tóxico. He aquí la prueba:

A la izquierda díptico-programa de las fiestas de 2010. A la derecha el de 2011 con el que anuncian las fuerzas Narcocofrades el comienzo de la Guerra Santa y la Reconquista de la ciudad a los rojos, laicistas, ateos y masones..

Pero la Resistencia Laica se está organizando para tratar de impedir la total recatoliquización tridentina de la sociedad cordobesa en que están empeñados las Fuerzas de la Guerra Santa Narcocofrades y la sumisión del poder civil al religioso. La primera acción tendrá lugar esta tarde con una concentración-manifestación organizadas por 15M, Córdoba Laica con el apoyo del Consejo de Distrito Sureste y otras asociaciones e instituciones laicas. La manifestación partirá de la Fuente de los Niños a las 8 de la tarde de hoy 7 de septiembre de 2011.

ACUDE CON TU CAMPANITA

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